El One Piece que encontré en Raftel

Después de ese largo viaje, al retornar a la isla de Wano, me preguntaron que era el One Piece. No supe que responder a ciencia cierta, porque era todo aquello que me llenaba el alma. Me acuerdo de llegar a la isla de Raftel, mirar a mi tripulación y sonreír como nunca antes lo habíamos hecho. Oden nunca quiso contarme que había visto al ir con Roger, pero más tarde conseguí a través de los Road Poneglyphs llegar allí. 


Había 4 de ellos, el primero contaba como a través de un coche que viajaba al pasado, podría regresar al futuro sabiendo más de mí, y tratando de tener más consciencia de mi misma, al contrario que Tyler Durden. Con ese coche podría encontrar a mi Patronus, y repartir mis trocitos de alma antes de llegar al One Piece.  

En el segundo, firmado por un tal Miyazaki, logré superar mis miedos, entender a los monstruos y vivir amando al resto fuesen como fuesen. En una noche llena de las luces de las luciérnagas, el espantápajaros me guió hasta el bosque de los lobos, escuchando el sonido de mi vecino y llegando al castillo en el cielo con el espíritu del agua. 

Allí encontré el tercero, una mujer empoderada con el cerebro de su propia hija me dijo que debía viajar para conocer mejor mi punto de vista hacia el mundo. Sonó de fondo una batería y salpicaba la sangre de las baquetas. Se acercó una niña con un bambú en la boca y me susurró que un niño con una caña de pescar había recibido una frase muy valiosa de su padre. Decía que "deberías disfrutar los pequeños desvíos. Disfrútalos mucho. Porque, de ese modo, encontrarás aquello que es más importante que lo que querías." 

Encontré un baño, me dijeron que allí estaría el cuarto Poneglyph. Escuché a una mujer gritar dentro de la ducha, y un grupo de niños dispuestos a encontrar un tesoro pirata, vinieron a avisarme de que había pantallas vigilándonos, que el Gran Hermano nos estaba observando. Me quedé intranquila, cogí mi vestido amarillo, comencé a bailar para relajarme, pero no funcionaba. Rasgaron el tapiz que tenía con mi madre y sin entender muy bien porqué, sentí que debía hundir mi barco junto a Jack, para conseguir librarme de todo mal y llegar a Raftel.

Todo se había torcido demasiado, solo quería llegar con mi tripulación al One Piece. Me acompañaba el rey de los piratas, el rey mago, dos músicos vestidos de mujeres, un hada malvada a la que le habían cortado las halas, un payaso terrorífico, que no era más que eso; una mujer rubia con katanas, el hijo semidiós de Poseidón, una niña con telequinésis, un zorro policía, una familia de parásitos, el creador de la bomba atómica, un corredor que corría como un leopardo que se alistó en la guerra, un pandillero que viajaba al pasado y el sombrerero loco. 

Mi tripulación y yo conseguimos llegar a Raftel. Vislumbramos la fantasía que se halla allí. Sonreímos y brindamos, y decidimos mantenerlo en secreto. Pero todo lo que viví para llegar allí me hizo ser quien soy ahora, por ello, no me arrepiento de nada. Cumplí mi sueño: ser libre.




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